Cinco panes y dos peces

Cinco panes y dos peces. Dibujo a lapiz de color sobre papel

Cinco panes y dos peces. Dibujo a lápiz de color sobre papel

Yo te amo, Señor Jesús, alegría y descanso mío; te amo, sumo y único Dios mío, con todo mi corazón, toda mi mente, toda mi alma, todas mis fuerzas; y, si ves que no te amo como debería, al menos así deseo amarte, y si no lo deseo suficientemente, por lo menos quiero desearlo de este modo. Enciende, Señor, con tu fuego ardentísimo mis entrañas, y ya que no me pides más que amor, dame lo que me pides, y pídeme lo que quieras. Porque, si Tú no me das el querer y el obrar, pereceré en mi debilidad

Cardenal J. Bona

Este dibujo lo hice en una exposición del Santísimo al contemplar a Jesús en el altar. Pensaba cómo, al contemplar tan Magno Misterio de fe, las palabras se quedaban tan cortas al ver un Dios que se viste de sencillez y se me presenta en la sencillez del pan; a un Dios que se impacienta y me espera, se vuelve a clavar en un madero y se queda con nosotros. Dibujé primero la custodia y en ella quise realzar el Corazón de Jesús, mostrando mi asombro y cómo su Corazón es también cautivante.
Dibujé cinco panes y dos peces pensando en mi ofrenda, que si bien es pequeña, es tan necesaria para Él. Pensaba en una ofrenda sencilla, un amor sencillo que busca asemejarse al de su corazón: un cirio que muestra cómo siendo el Señor la Luz del mundo, es Él quien lo enciende, y así cómo se consume el cirio; la vida es un desgastarse junto con Cristo.
Al terminar de dibujar el cirio, los panes y los peces descubría que algo faltaba y me preguntaba que podría ser. Al subir la mirada a la custodia recordaba cómo siempre descubro la presencia cálida y tierna de María, cómo inclusive en ese momento nos educa en nuestro encuentro con su Hijo amado, enseñándonos desde su Inmaculado Corazón, una oración sencilla y humilde.

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