¡La estrella es un Niño!

Lápiz sobre papel

Lápiz sobre papel

Este dibujo está inspirado en un cuadro de Leonardo Da Vinci.

Lo que me llamó la atención de ese cuadro y lo que busqué resaltar, son las expresiones de los reyes magos que se acercan a adorar al niño. Aquí dejo una reflexión entorno a esto:

Extracto:

Una virgen es quien lo sostiene. Y ¡qué buen ejemplo el de la madre! Es por su SI, por su Hágase, que permitió que estos reyes y toda la humanidad puedan conocer a Cristo. Así mismo, mi camino se abre a una dimensión infinita, en el que la estrella ya no se me aparece como un astro en el cielo, sino como un niño que busca ir a nuestros brazos para que nosotros, como María, lo llevemos a nuestro corazón y de él podamos compartirlo, en primera persona a todos los nuestros.

Reflexión:

Luego de recorrer un largo camino, guiados por una estrella, sin saber exactamente a dónde llegarán, ni lo que verán; se encuentran con un bebé, nacido de una virgen, que es rey a pesar de estar rodeado de animales y pastores, iluminados por una estrella… todos acontecimientos extraños. De ahí, talvez, la expresión de desconcierto y curiosidad del primero. De ahí la expresión de sumisión y asombro del segundo. De ahí el inmediato postrarse y tener preguntas del tercero.

El evangelio es muy humano, no es nada alejado a nuestra propia experiencia de encuentro con Cristo:

Guiados por una estrella:

– Como los reyes, cada cristiano ha descubierto un llamado particular, individual, personal. Un llamado que no se nos ha presentado claro, ha sido como leer en el firmamento las estrellas que nos guiarán.

– A pesar de lo particular y personal del llamado, el camino de seguirlo es mucho mejor si se emprende comunitariamente, acompañado, como iglesia.

– El ser guiados por una estrella va a significar no tener una seguridad total de a dónde se va a llegar. Tampoco te permitirá dar razón de todos tus pasos y opciones, pues es la estrella la que guía, y muchos no podrán entender esto que parece imposible.

Expectativas de encontrar un rey:

– Siempre serán grandes las expectativas, no por nada alguien se pone a buscar entre las estrellas lo imposible, no por nada alguien se aventura a dejar la comodidad, la seguridad de un buen hogar, por emprender un camino de búsqueda. No por nada se sigue una estrella, que es tan real para los ojos de la fe, pero tan difícil de mantener a la vista cuando hay tantas otras cosas que fácilmente la opacan. (A diferencia de mi anterior reflexión, en este caso, el silencio de la noche se presenta como apropiado para seguir la estrella, y más bien, la bulla del sol y todo lo que trae con él, el horario, el trabajo, las responsabilidades, etc. muchas buenas, pero que dentro de su bondad pueden terminar opacando lo visible de esa estrella que debe ser la que guíe toda nuestra vida).

– Un rey por definición es justo. El injusto es un tirano. Por tanto, al tener expectativa de un rey, buscamos una seguridad, alguien que de sentido a nuestras vidas, por quien valga la pena entregar la vida.

Asombro ante un niño en brazos de una madre:

– Mil y un dudas se han de presentar ante esta imagen luego del trayecto, de la búsqueda y de las expectativas. ¡Pero que respuesta tan reverente es la que se presenta ante los ojos de los que buscan! No se trata de un camino que termina. El encontrar a Cristo no se trata de algo que se agota, no son las páginas de un libro que termino de leer, no es un conjunto de normas que tengo que aprender, no es un trofeo que recibo y luego me quedo quieto sin nada más que alcanzar. Sino al contrario, la experiencia de encontrar a Cristo es como encontrar a aun niño, al que debo conocer, con el cual debo crecer y generar una relación. El cuál me enseña a ser humilde y sencillo. El cual me muestra que él no sólo se me presenta en la cruz, al momento de la muerte, para buscarlo al final de mi vida, sino que se me presenta como un niño, con el cual tendré toda una vida que compartir, crecer y forjar una amistad.

Una virgen es quien lo sostiene. Y ¡qué buen ejemplo el de la madre! Es por su SI, por su Hágase, que permitió que estos reyes y toda la humanidad puedan conocer a Cristo. Así mismo, mi camino se abre a una dimensión infinita, en el que la estrella ya no se me aparece como un astro en el cielo, sino como un niño que busca ir a nuestros brazos para que nosotros, como María, lo llevemos a nuestro corazón y de él podamos compartirlo, en primera persona a todos los nuestros.

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