«¡Señor, sálvame!»

Lápiz sobre papel

«¡Señor, sálvame!». Lápiz sobre papel

Es un dibujo que refleja la experiencia de Pedro al dudar y comenzar a hundirse… su grito es: «¡Señor, sálvame!».

(Aquí dejo una reflexión que hice rezando sobre la cita)

Extracto: (…) Pedro llega a caminar sobre las aguas, llega a hacer lo “imposible”, eso que le pide Jesús a través de su corazón y luego de que Pedro reconoce ese anhelo en su interior, lo hace explícito en la petición. Al mismo tiempo, el Señor le hace explícita esa invitación a “hacer lo imposible” por seguirlo. El tema está en que cuando ya está caminando, por un momento deja de ver al Señor y más bien ve «la violencia del viento», ve los problemas, la turbación, y quién sabe?… ve que está haciendo algo imposible y efectivamente comienza a hundirse en las aguas, en el miedo. Duda. Apartó la mirada de Cristo y se quedó viendo el viento contrario, el problema, por eso le da miedo y se hunde.

Reconoce su situación y vuelve a gritar «Señor, Sálvame», y extendiendo su mano espera que el Señor le responda… Cristo, ante el grito «Al punto», dice la cita, tiende la mano y lo agarró! Ese dejar de creer en que es Dios, ese dejar de ver a Cristo, ese dejar de confiar en Jesús, de la manera como lo hizo en un comienzo, es lo que le hace reconocer el Señor a Pedro que es el problema «Hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste?»

 

Reflexión completa:

«¡Señor, sálvame!»

Esta cita está enmarcada por la oscuridad de la noche, sobre una barca golpeada por las olas y fuertes vientos contrarios… Tal vez esa es la “somatización” de la experiencia de dolor producida por la muerte de Juan el Bautista, el asombro de los prodigios y milagros realizados por Jesús ese día: tanto la compasión de Cristo que deja su luto y oración por curar a enfermos, enseñar a los que lo seguían y darles de comer de manera milagrosa.

Es en ese contexto, la turbación interior y reforzada por la contrariedad del tiempo, que Jesús se les aparece caminando sobre las aguas… la cita da la descripción de las distintas reacciones de los apóstoles, yo sólo me quiero centrar en la actitud de Pedro que le pide al Señor que le ayude a creer. Actitud que me recuerda ese «Creo Señor, pero aumenta mi fe». Y confiado en Cristo caminó sobre las aguas para llegar a Él. ¡Es un milagro!

Pedro llega a caminar sobre las aguas, llega a hacer lo “imposible”, eso que le pide Jesús a través de su corazón y luego de que Pedro reconoce ese anhelo en su interior, lo hace explícito en la petición. Al mismo tiempo, el Señor le hace explícita esa invitación a “hacer lo imposible” por seguirlo. El tema está en que cuando ya está caminando, por un momento deja de ver al Señor y más bien ve «la violencia del viento», ve los problemas, la turbación, y ¿quién sabe?… ve que está haciendo algo imposible y efectivamente comienza a hundirse en las aguas, en el miedo. Duda. Apartó la mirada de Cristo y se quedó viendo el viento contrario, el problema, por eso le da miedo y se hunde.

Reconoce su situación y vuelve a gritar «Señor, Sálvame», y extendiendo su mano espera que el Señor le responda… Cristo, ante el grito «Al punto», dice la cita, tiende la mano y lo agarró! Ese dejar de creer en que es Dios, ese dejar de ver a Cristo, ese dejar de confiar en Jesús, de la manera como lo hizo en un comienzo, es lo que le hace reconocer el Señor a Pedro que es el problema «Hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste?»

¿Por qué dudó Pedro? San Pedro, un gran santo, con sus GRANDES aciertos y GRANDES caídas es un santo muy apropiado para muchos de nosotros. Ama al Señor con intensidad, comete errores con brutalidad, pero arrepentido siempre sabe volver al camino. ¿Por qué lo escogió Dios? ¿Por qué lo puso como primero entre los apóstoles? Es un misterio, pero lo que logro vislumbrar es que su experiencia de fragilidad no está al margen de esa opción de Dios. Su ejemplo incluye sus fragilidades, y es su fragilidad la que me muestra su fortaleza, la que me impulsa a hacer lo mismo, extender mi mano, con miedo, todavía dudando, pero confiado en que el Señor la cogerá «Al punto» y me mostrará lo que quiere de mí, me enseñará a amar, me ensenará a esperar, me enseñará a crecer en la fe.

«La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.» Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.» «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!» Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» Mt 14, 24-31

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